Y no quiero que ignoren, hermanos, que con frecuencia he hecho planes para ir a visitarlos, pero hasta ahora me he visto impedido, a fin de obtener algún fruto también entre ustedes, así como entre los demás gentiles. Tengo obligación tanto para con los griegos como para con los bárbaros, para con los sabios como para con los ignorantes. Así que, por mi parte, ansioso estoy de anunciar el evangelio también a ustedes que están en Roma. Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree, del judío primeramente y también del griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá. Romanos 1: 13 – 17 (NBLA)
1. Introducción
Antes de escribir la carta a los Romanos, Pablo tenía el deseo y la intención de visitar Roma.[1] Sin embargo, hasta el momento en el cual Pablo escribe esta carta, Pablo ha sido impedido de visitar Roma. Años después, el Señor le permitiría visitar Roma, aunque en condiciones diferentes. Pablo iría como prisionero, con los gastos del viaje cubiertos por Roma.[2] La historia del viaje de Pablo a Roma es fascinante y revela el carácter de Dios y Su forma de cumplir Sus propósitos de maneras que a menudo no anticipamos.
En este pasaje de Romanos, Pablo expresa su deseo de visitar Roma, explicando las razones detrás de su anhelo y revelando verdades eternas que son relevantes para todos los creyentes.
En este estudio, analizamos las razones que da Pablo sobre por qué comunicar las Buenas Noticias a todas las naciones.
2. Mensaje para la Audiencia Original
a. El Beneficio: Animarnos en la Fe.
Pablo quería obtener “algún fruto” entre los romanos, tal como lo había obtenido de otros creyentes. La palabra “fruto” es usada en Romanos como sinónimo de “beneficio”.[3] En los versículos anteriores, Pablo ya había mencionado que él deseaba ser animado por la fe de los romanos, y también animarlos en la fe.
En este sentido, Pablo sugiere que uno de los propósitos de la comunión entre los cristianos es el beneficio o el fruto de ser animados en la fe unos con otros.
b. La Obligación: Comunicar las Buenas Noticias
Pablo también conecta su deseo de visitar a los romanos y el anhelo de obtener un beneficio de los romanos a una declaración de contenido obligacional: “Estoy en deuda con todos.” Su deuda no es solo con aquellos que eran considerados ciudadanos o sabios, sino también con aquellos que son rechazados o menospreciados por las normas sociales vigentes.
La palabra “deudor” es muy diciente. Pablo indica que tiene la obligación de devolver algo que debe. ¿Qué les debe Pablo a todas las personas? Pablo entendió que él era un apóstol simplemente por la gracia de Dios. Pablo entendía que el llamado a predicar el evangelio era un privilegio otorgado por la gracia de Dios, pero también una responsabilidad ineludible. Pablo estaba bajo la obligación de llevar a cabo este llamado. El amor de Cristo lo constreñía a llevar a cabo la misión.[4]
Sin embargo, es importante observar que Pablo percibe esta obligación no solo como una obligación o deuda con Cristo, sino que – dado que Cristo le encomendó ir a los griegos y no griegos – Pablo ahora le debe a estas personas el cumplir con su llamado.
Pablo reafirma esta obligación, al afirmar que la raíz de su gran anhelo de predicarle el evangelio a los romanos es la deuda que tiene con Cristo y los destinatarios del mensaje del evangelio.
Dado que Pablo miraba su llamado del evangelio como una “obligación” o una “deuda” no solo con Cristo, sino con las personas a quienes Cristo le encomendó predicar el evangelio, es razonable pensar que Pablo entendía que este llamado era algo exigible no solo por Cristo, sino por aquellos a quienes él debía compartir el evangelio. En este orden de ideas, Pablo puede ser hallado responsable por no ejecutar aquello para lo que fue llamado.
Entonces, la motivación de Pablo para visitar a los romanos y compartirles el evangelio no era sólo su amor a Cristo y el anhelo de ser edificado y de edificar a los romanos, sino que Pablo sabía que puede ser hallado responsable ante Cristo por no cumplir con su obligación.
Y Pablo está dispuesto para ello. De hecho, él está “ansioso” por llevar a cabo su llamado, tan pronto como el Espíritu Santo se lo permitiese. Pablo tenía una profesión, él era constructor de tiendas. Sin embargo, Pablo se consideraba siempre “dispuesto”, “listo”, y “ansioso” para ejecutar el llamado de anunciar el evangelio a donde fuese enviado. ¿Por qué? La respuesta sigue en los siguientes versículos.
c. La Disposición: Un único medio para la salvación
A pesar de ser un hombre muy ocupado, Pablo estaba dispuesto a llevar a cabo su obligación de anunciar el evangelio porque el evangelio es poder de Dios para la salvación de todo aquel que cree.
La palabra “poder”, tal como la utiliza Pablo en su lenguaje original, es dynamis. Esta palabra podría ser traducida propiamente como “potencia” o “capacidad para hacer algo”. Pablo entiende que el evangelio tiene la capacidad de lograr la salvación de todo aquel que cree. Esta capacidad no se encontraba en su profesión, sus habilidades, o en circunstancias externas o políticas. La capacidad de salvación solo se encuentra en el evangelio, en el mensaje de Cristo. Por esto Pablo entiende que es más provechoso vivir dispuesto para llevar a cabo su obligación de llevar el evangelio a todos, que vivir por otras cosas.
En el evangelio se revela la justicia de Dios la cual siempre ha sido por fe. El creer en el evangelio, el creer en la revelación de la justicia de Dios, trae consigo salvación. a capacidad del evangelio para lograr salvación se desprende de la verdad que hay en el evangelio: la justicia de Dios. Y la justicia de Dios es accesible por medio de la fe.
Pablo no estaba avergonzado porque él no tenía un mensaje que es simplemente información. Él tenía un mensaje que estaba acompañado por el poder del Dios todopoderoso. Él no se avergüenza de predicar porque a través de la predicación del evangelio Dios ha decidido salvar al mundo.[5]
3. Verdades Eternas
- El beneficio de compartir el evangelio con otras personas es ser fortalecido y animado en tu fe, así como animar la fe de otros.
- El llamado de Dios a compartir el evangelio no es solo un “llamado”, es una obligación, una deuda que tenemos para con Dios y para con las personas que han de ser salvas. Como una deuda y una obligación para con Dios y las personas a las que Dios nos ha encomendado anunciar el evangelio, podemos ser hallados responsables por no cumplir con esta obligación.
- Como cristianos, siempre debemos estar dispuestos, listos y ansiosos para salir de nuestra zona de comodidad e ir y anunciar el evangelio donde el Espíritu Santo nos diga. Sin embargo, muchos de nosotros podemos sentir miedo de anunciar el evangelio a ciertas personas, o podemos pensar que estamos muy ocupados. Si ese es tu caso, hay una promesa a la que puedes aferrarte para estar siempre listo para anunciar el evangelio. La predicación del evangelio es el medio que Dios ha diseñado para revelar su justicia al mundo. Cuando la justicia de Dios es revelada a las personas, esto tiene la capacidad de salvar al mundo. En medio de un mundo que requiere ser salvado del pecado, la respuesta de nosotros como cristianos es predicar el evangelio. El evangelio tiene la potencia para que, a través de la fe, las personas sean salvas. El predicar el evangelio puede hacer más por este mundo, por la sociedad caída que percibimos diariamente, que cualquier otra cosa. Y la historia de la iglesia así lo ha demostrado.
4. Mi Respuesta a la Verdad
Con His Steps, continuamente hacemos discipulado con familias, niños y adolescentes que viven en zonas vulnerables. Cada vez que vamos a hacer discipulado, o cuando apoyamos iglesias locales en su trabajo de discipulado, siempre sentimos que somos fortalecidos en la fe. Cuando vamos a anunciar las Buenas Noticias de Dios, somos fortalecidos en la fe, y fortalecemos a otros en su fe.
Sin embargo, siempre debemos recordar que no anunciamos las Buenas Noticias solo porque nos da un beneficio. Es una obligación. ¿Puedes percibir que estás en deuda para con Dios y con esas personas de anunciar el evangelio? Cuando vamos a trabajar, no siempre lo hacemos pensando en el beneficio que tendremos, ya sea este un salario, compartir con amigos o la satisfacción de servir a aquellas personas que recibirán algo a cambio de tus servicios. Muchos días vamos a trabajar porque tenemos una deuda para con nuestro empleador. El beneficio (el salario) tiene una contraprestación: debemos prestar nuestros servicios a nuestro empleador. Así también debemos ver el trabajo de anunciar el evangelio. No es solo un beneficio para ti y para otros, es una deuda que tenemos para con Dios y para con las personas a las cuales Dios no ha encomendado ir.
El anunciar el evangelio es nuestro primer llamado. Hacer discípulos es el único mandato que nos dio Jesús resucitado.[6]Por esto debemos estar siempre listos para hacerlo. El anunciar el evangelio no está separado de tu trabajo o tus estudios. Dios te ha puesto donde estás porque Él ha destinado personas que necesitan escuchar las Buenas Noticias en el lugar donde estás. Puedes cumplir con este llamado teniendo una promesa en mente: estas Buenas Noticias tienen la capacidad de revelar la justicia y la verdad de Dios, y así, salvar la vida de estas personas. Las Buenas Noticias no son solo información, es un mensaje que Dios ha prometido acompañar con Su poder. Es el medio que Dios ha destinado para salvar al mundo.
El mundo, y particularmente, Latinoamérica, necesita de más personas que salgan y comuniquen las Buenas Noticias al mundo. El siguiente video explica la situación del evangelismo en Latinoamérica:
¿Te gustaría comunicar las Buenas Noticias con nosotros? Nuestra misión es llevar alegría, justicia y paz (el Reino de Dios) a todas las naciones, y trabajamos con iglesias locales para lograrlo. Escríbenos en el formulario que aparece aquí, y déjanos saber si quieres ayudarnos en esta misión.
Notas:
[1] Hechos 19: 21.
[2] Hechos 27 – 28.
[3] Romanos 6: 21 – 22.
[4] R.C. Sproul, The Gospel of God: Romans, Ligonier Ministries (2011), página 31.
[5] R.C. Sproul, The Gospel of God: Romans, Ligonier Ministries (2011), página 32.
[6] Mateo 28: 18 – 20.